
Llamas a la puerta y notas como los nudillos se te hunden en algo parecido a unas natillas de madera de pino. No sabes si has perdido las llaves o es que nunca las tuviste colgadas en tu llavero de “Te pasas la vida esperando y lo único que pasa es la vida”. Intentas hacer memoria para recordar dónde las has podido dejar pero todo está neblinoso, buscas el felpudo de “Bienvenido” pero no lo encuentras, sólo logras mirarte los pies descalzos y en carne viva que van dejando un semi-felpudo de sangre por todo el portal. Y vas e intentas escribir “Bienvenido” con los dedos pero el resultado es una masa informe de letras sin sentido, con lo cual usas el alma como fregona para limpiarlo y dejarlo todo como estaba.
Y vuelves a llamar, pero esta vez al timbre. Suena una melodía que parece que se burla de ti…, no hay duda, se mofa de ti. Llamas más fuerte mientras intentas taparte los oídos pero nadie contesta y tú quieres entrar, necesitas entrar, ansías entrar y ducharte con el gel de tus propios sueños, pero sabes que eso no va a suceder…
Y, finalmente, caes en la cuenta de que la puerta de la utopía raramente se abre, así que decides dar media vuelta y seguir caminando de vuelta a la realidad, esa que te pincha y te quema los pies poquito a poco y, de manera sutil, notas como vas dejando en el suelo unas huellas rojas que escriben tu nombre, apellidos y destino a lo largo del camino de regreso a casa…
Audio: Entre Ríos - Si Hoy