Bebo té, fumo porro y como un donut, aunque no expresamente en ese orden. Lo hago como un ritual, como quien dice un "te quiero" cual autómata, sin ni siquiera pensar en el significado de tales palabras... Palabras que, al final, se tornan amarillentas y roídas de tanto darles vueltas en la lavadora de tu boca y de tanto tenderlas en el tendedero de tus pestañas al árido sol de tu mirada.
Fumo donut, bebo un porro y como té. Y toso, y me ahogo, y me dan ganas de vomitar cuando miro a mí alrededor y sólo siento la vanidad de la gente que se venden por un "qué guapo eres", y creen que te vas a vender por un "ojos bonitos tienes" y no, no es así..., al menos en mi caso. Que se den por enterados. Que se vayan a la mierda.
Como porro, bebo un donut y fumo el té. Y noto que hay días que me siento débil, que creo que lo que me rodea, y su continua partida de tetris, no encaja ni encajará de ninguna manera con las piezas que coloco cuidadosamente en el panel de este videojuego llamado vida.
Y miro el donut, veo el te y observo el porro. Todo detenidamente, como cuando te miras al espejo y te atraviesas el alma, casi sin parpadear, casi sin respirar, como quien espera la revelación del por qué de todo y lo único que obtiene es el murmullo de la soledad que se columpia burlonamente en la cadena del w.c. mientras espera el momento de saltar a tu cuello y apretar un poco más...
Pues sí, la vida es como una autovía de peaje donde ves gente que va y viene y tú, mientras, te quedas mirando como un tonto con el ticket de la ilusión y la esperanza en la mano...
Dejas entrar a esos con los que parece que vas a hacer un viaje de la ostia, pero al final el coche se cala o acabas sacando la cabeza por la ventanilla porque te han mareado de tal manera que ni la Biodramina puede hacer nada.
Y, entonces, sales despedido por el parabrisas y te quedas en medio de la autovía mirando hacia arriba y rodeado de cristales que resultan ser tus sueños hechos añicos... Pero, tranquilo, ya los barrerás otro día.
Te levantas poco a poco y notas como te crujen de rabia las rodillas y como de tu rótula salen lágrimas que se deslizan por tu pierna dejando un reguero que, a la larga, será tu propio bálsamo o curación.
Y miras a lo lejos, observas el desastre del accidente pero desistes en llamar a una ambulancia. Que cada uno se cure sus heridas, que cada uno se lama su propia sangre, que cada uno cree sus propias costras de la manera que pueda o mejor sepa. Yo lo intento hacer con la cabeza bien alta..., al menos eso pienso mientras escucho las sirenas de fondo.
Hace casi un año que le di a la tecla pause de este blog y hoy me permito alejar el dedo por un momento mientras me lo pongo en la perilla intentando adivinar qué contar y qué callar.
Este blog me pincha mientras escribo, me trae demasiados recuerdos que quedan ya en el fondo de un saco con agujeros... Y sé que aún queda mucho para que los recuerdos que sobrevivan se tornen romos y no hagan herida. Demasiado, diría yo.
En un año pueden pasar muchas cosas y se me atropella todo en la cabeza en forma de tsunami de sucesos. Como resumen diré que no ha ido demasiado bien, sino todo lo contrario..., pero no voy a compadecerme de mí mismo, ni ser negativo, ni siquiera dar detalles. Los detalles me los coso en las sienes para que no se me olviden nunca.
Y, poco a poco, me voy conviertiendo en ese fuelle que sopla lo negativo para avivar el fuego que queme toda la mierda que ha inundado mi vida a lo largo de estos meses. Y muto en bayeta de microfibra amarilla mientras recorro las conclusiones que saco de todo ésto dejándolas totalmente relucientes. Y me transformo en luz parpadeante del módem deseando ser el reflejo estable y fijo de una bombilla, aunque sea, de bajo consumo. Y me doy cuenta que, de un tiempo a esta parte, mis arcadas me salen por la nariz convirtiéndose en algo desagradable para mí, por eso ahora tomo Biodramina. Por eso callo.
Alberto abrió los ojos nada más nacer y observó como alguien le pegaba en el culo sin ni siquiera preguntarle. Con el tiempo, y sin ninguna explicación, cerró la mano y se la estampó a su mujer en la cara.
Berta abrió las piernas una noche de verano mientras Pedro hurgaba dentro de ella con su cosa dura. Cuando a los dos días se enteró de que Pedro fingía no conocerla cerró los ojos para no dejar escapar ninguna lágrima. No merecía la pena.
Sofía abrió la boca para hacerse oír ante su jefe y pedir un aumento pero inmediatamente la cerró cuando se enteró de que el muy mamón la espiaba en el cuarto de baño mientras se subía las bragas. La humillación le dejó sin palabras.
Rafa abrió sus pulmones cara al sol primaveral apoyándose en el quicio del balcón a la misma vez que, pensativo, cerró su corazón por miedo a que Raúl pudiera meterse dentro de él. Sin duda hay inquilinos que nunca deberían pisar el felpudo de "Bienvenido", pensaba.
Alba se sentó en el sofá para ver por enésima vez una de sus películas favoritas. Abrió la carátula del dvd, se acordó de con quién la vio por última vez y la cerró de nuevo mientras el “clic” que sonó en ese mismo instante se confundió con el “crack” que hizo el remiendo de su corazón al soltarse, también, por enésima vez.
Hace dos años y pico abrí este blog y después de muchas palabras vomitadas y por falta de tiempo y dedicación he decidido cerrarlo durante una buena temporada. Espero que me entendáis, pero esto no funciona así, hay que tener tiempo y, actualmente, no dispongo de él ni para escribir ni para leeros. No estoy dispuesto a dejar que esto agonice, así que mejor le doy un descansito y, quien sabe, puede que con el tiempo vuelva a vomitar de nuevo por aquí. Marearme seguro que me marearé. La vida es eso. Mareo y restablecerse. Estabilizarse y mareo de nuevo, ¿no?
Muchísimas gracias a todos…, a los que están, a los que ya no están y a los que siempre han estado. Gracias. Un abrazo enorme.
Saboreo un café en la oscuridad de mi habitación -no sé por qué pero sabe mejor que con luz-. Le doy vueltas lentamente con una cucharilla emulando algo que he sabido hacer muy bien en mi vida; ir en círculos una y otra vez.
De fondo suena Pinknruby y, mientras, observo cómo el antivirus chequea mi ordenador de arriba abajo, carpeta a carpeta…. Es curioso, me quedo pensando y decido hacer lo mismo con mi vida en este último año. Mes a mes. Chequearla. Y me doy cuenta que se ha cumplido todo (o casi todo) lo que me propuse cuando en diciembre del año pasado decidí dar el paso de salir de mi ciudad e irme a otra. Totalmente perdido en medio de una densa niebla y sin saber qué iba a pasar.
No ha ocurrido nada por arte de magia ni de un día para otro, sino con esfuerzo, paciencia y un poco de ayuda… Este año me ha demostrado que la vida puede cambiar si te mueves, dejando atrás la huella de tu cómodo sofá, enfrentándote a algo que no sabes cómo va a resultar y echándole huevos revueltos con ganas, ilusiones y una pizca de miedo, para qué engañarnos…Puede que no sea una receta universal, pero debería serlo.
Y el antivirus termina y detecta un spyware, y supongo que sí, que habrá alguno de esos en mi vida…, pero creo que le van a dar mucho por culo. El por culo más grande del mundo, mira lo que te digo.
Así que arriba niños, que llega un nuevo año y puede que este SÍ que sea diferente. Lo deseo de verdad.
Lo de mi compañero de curro clama al cielo. Recuerdo haber comentado que creía que era una chica convertido en chico, pero no, es un chico chico, lo que pasa es que tiene una cara muy femenina y, paradójicamente, unos gustos remarcadamente masculinos. Ayer, sin ir más lejos, me preguntó si había visto las noticias de deporte, que si me había enterado que Koeman había prescindido de Cañizares y Abelda… Menos mal que no pudo ver mi cara de estupefacción y horror detrás del ordenador porque no tenía ni puta idea de lo que me estaba hablando. Le contesté que no, que no había visto las noticias, pero me dieron ganas de decirle que a mí me hablara de esgrima con dos penes, de encestarla en un hoyo, de comidas de pértiga o de natación estilo mariposa, que todo eso iba más conmigo…, pero me callé, claro.
Por otra parte Burjassot no deja de sorprenderme. A parte de que cada dos por tres hay una caída de red de Vodafone (que sí, que me lo ha dicho la dependienta de la tienda de aquí, esa a la que denomino la chica “A dos metros bajo tierra” por la raíces negras de su pelo rubio), bueno, pues a parte de eso, el domingo pasado salimos a dar un paseo por un parque cercano a casa que está totalmente cruzado por unas vías de tren, así, en plan decoración..., o al menos eso pensaba yo hasta que pude ver con mis propios ojos como un minitrén de verdad, con gente (también de verdad) subida encima, esperaba a que el maquinista pusiera rumbo a…, ¿los árboles del fondo? No tengo ni idea, el caso es que me hizo mucha gracia ver a esos padres con sus hijos en brazos y las piernas flexionadas hasta casi descoyuntarse encima de un tren liliputiense…
Aún con esa visión en las retinas el día acompañaba, así que nos sentamos en un banco solitario con el sol de cara y los abrigos puestos. Yo saqué mi cigarrito de la felicidad, tú tu libreta de apuntes. Yo inhalaba humo, tú exhalabas palabras mientras leías lo que habías estado escribiendo durante muchos años… Yo me recosté sobre tus piernas y te pedí que me tocaras el pelo…, estaba allí pero no, todo cobraba sentido a golpe de calada. Y recuerdo que me regalaste una de tus frases, algo así como que debemos darle sentido a la vida quitándole sentido a las cosas. Muy adecuada para mí (me conoces tan bien). Y me cantaste la canción que quería escuchar en ese momento mientras el sol me hormigueaba la cara y mi cuerpo viajaba por las notas imaginarias que salían de tu garganta. Y me di cuenta que no estábamos aquí, sino más allá, justo como la canción que entonabas en ese preciso instante…, a mano derecha, en algún lugar sobre el arco iris. Justo ahí. Los dos.
No tengo puente, me jodo... Al menos hoy ha sido un día diferente.
Me he hecho un trasquilón enorme en el pelo por mi manía de jugar a los peluqueros como quien juega a saltar la vida en una comba y se cae de morros. Me lo tengo merecido. Él se ha reído de mí cuando se lo he enseñado. Descaradamente, además.
Después del disgusto hemos ido a un parque que no conocíamos y que ha resultado estar lleno de familias peperas con hijos paseando y navegando por el lago, fachorras de pelo cano con perro, parejas felizmente vestidas de sport, ciclistas y, luego, nosotros dos.
Después todo ha pasado muy rápido. He sacado el cigarro concienzudamente líado, he destapado mi barriga para que le diera el sol y que, de paso, mi ombligo sonriera un poco. Me he acordado de la escena de “Happiness”, esa en la que el pedófilo se imagina en un parque matando indiscriminadamente con una recortada a la gente que tranquilamente disfruta del día. Pero no, en mi cabeza no era yo el que mataba a los demás, sino uno de los impactados por la bala... Hoy no me siento asesino de masas.
Y nos hemos cruzado con una perra llamada Loli, y también con la señora Miliki... -¿Quién?-..., sí, esa señora que va pintada como un payaso. Luego hemos pasado por el rincón de los bulldogs franceses -¿por qué coño le ha dado a todo el mundo por comprarse ese raza de perro?-. Te robo un beso y me empalmo –pero no te lo dicho-... Me quitas un pelo que me sobresale de la ceja y me duele a morir... -pero casi no lo noto, es raro-.
Y por la tarde una niña tan guapa e inteligente como su prima pregunta “¿Qué hay arriba…, el mundo?”. Y no sabe la razón que tiene, porque a veces pienso que el mundo esta arriba y nosotros vivimos en otro sitio...,mejor o peor, pero en otro sitio.