
Se lo debía hace mucho y, de alguna manera, le sigo debiendo algo más que una media tinta en forma de presentación fortuita dentro de mi casa.
-Este es mi amigo, mamá.
Mentira cochina, es más que eso… Él es la magia que funciona como el cemento por la cual puedo ir construyendo mi mundo (nuestro mundo) sin miedo a terremotos, es la química que siempre acompaña a la física, es la cuerda que, aunque de distinta textura, color o resistencia, está atada fuertemente a mi cuerda, es el creador de mis recuerdos más inolvidables, la caja fuerte de mis virtudes y defectos y, curiosamente, es también tu hijo porque, mamá, me lleva dentro de él, siempre consigo. Lo tienes que querer como tal y sé que algún día lo harás.
Te comportarás con normalidad aunque por dentro sufras tu propia procesión, aquella que quieras construir y que, espero, sea de corto recorrido. Me gustaría que, después de andar, te sentaras y pensaras tranquila que tu hijo es feliz..., ese que de niño era solitario y algo ermitaño, el que no salía casi nunca, el que recibía pocos abrazos y suspiraba día y noche, el mismo que ahora lucha por ser diferente a como fue y que, poco a poco, lo está consiguiendo gracias a él.
Por primera vez le has dado a mi “amigo” un par de besos y le has tocado el brazo, mamá, pero espero que algún día le des un abrazo, aunque te cueste porque no estás acostumbrada a darlos o a que te los den. Y yo espero miraros ese día (que, la verdad, no sé cuando llegará), emborronado por la emoción, habiéndome olvidado la mochila de mentiras en algún pozo, sintiendo una inyección doble de felicidad, rascando el forro de mis bolsillos con la punta de los dedos creyendo que rasco la capa de culpabilidad adherida a mi corazón durante tantos años, levitando por el pasillo, liviano, ingrávido, intentando cubrir toda la casa con una carpa de “normalidad”, dejando de soñar y sintiendo que vivo una realidad carente de sombras y pesos en mi alma.
Espero que todo esto pase algún día y que mi “amigo” consiga tener otro nombre, porque se lo merece, porque vivir en la oscuridad no deja crecer, porque tocar mi espalda tensa de mentiras no es justo, porque yo para su familia no soy su “amigo”, soy uno más, porque cuando tú, mamá, no estés, él me cuidará tan bien como lo hiciste tú, porque soy su bebé, él me lo dice, él me acuna algunas noches y me besa la frente, me da pasaícas en la espalda y me hace sentir su hijo. Por eso no te debes preocupar, mamá, voy a estar bien a su lado, te lo aseguro. Pregúntaselo, por favor, mírale a los ojos y pregúntaselo.
-Encantada… ¿Quieres tomar algo?
Audio: Placebo - Follow the cops back home (Pincha aquí para descargártela)