
Burjassot huele a mierda y su metro a pies pero, salvando eso, todo va bien.
Me he instalado en casa de una de mis mejores amigas que se vino a vivir a Valencia por amor, y desde hace nada ese amor es ex-amor, y ese ex-amor tiene otro amor, y mi amiga está hecha una auténtica mierda (¿será por eso que Burjassot huele tan mal?), y, por donde quiera que vaya, suele canturrear esa canción de Tonino Carotone “Me cago en el amor”.
Su casa no está mal, la única regla que me impuso para vivir (temporalmente) allí fue que antes de comer nada mirara la fecha de caducidad porque podría morir intoxicado, eso y que no cogiera nada del frigo que se moviera. Su nevera parece el paraíso de una anoréxica, no porque lo sea, sino porque no suele comer allí casi nunca. Eso sí, tiene Internet y me puedo alimentar también de ella (creía que iba a estar más incomunicado).
Todavía no he tenido tiempo de estar solo puesto que mi chico me ha estado acompañando todo el rato. Ayer fue mi primera clase práctica de “cómo coger el metro y no tirarse a los raíles de pura desorientación y desesperación”. Empecé temiendo lo peor cuando no supe ni cerrar bien el callejero que me compré (los hacen a mala ostia con tantos pliegues), justo el mismo que debo llevar bajo del brazo como los monederos de las señoras que van al mercado. Sin un mapa estoy perdido…, nunca mejor dicho, pero bueno, no parece tan difícil como imaginaba.
Los metros no me gustan. La gente invade tu espacio vital y lo único que te queda es mirar caras o cogotes que no siempre te apetece mirar, contar las motas de polvo de tus zapatos y, en mi caso, estar atento para que cuando mi chico me preguntara “¿Cuántas paradas quedan?” o “¿Hacia dónde hay que ir?”, poder responder correctamente al más puro estilo “Saber y ganar”.
Fuimos al centro de Valencia y entregué algunos curriculums vitae en persona, no sin antes cagarme en las bases de datos de empresas valencianas que no están actualizadas y que han cambiado de ubicación sin previo aviso. Sólo pudimos ir a cinco, lo cual me dio a entender que entregarlos en persona va a ser un trabajo más arduo de lo que pensaba.
Y, luego, cuando mi amiga sacó de la nevera un trozo de queso totalmente enmohecido me pregunté que cómo se puede saber cuando el queso azul está malo si, de por si, ya parece que lo esté... Qué cosas.
Audio: Tonino Carotone - Me cago en el amor