
La noche se presentaba como siempre, y como siempre ha sido.
Quedamos en casa de W., un argentino que se come toda vagina viviente, y, así, esperar a que se hiciera una hora decente y poder salir un ratillo, porque ahora (antes no pasaba) si sales a la calle antes de las 12 o la 1 no hay ni un puto alma.
La casa de W. es extrañísima, con un pasillo que rodea y la une toda. Te pones a andar y llegas al mismo sitio donde comenzaste, es algo laberíntico. Todos esperábamos encontrarnos con David Bowie en aquel laberinto, pero lo único que encontramos fue aquella especie de casa-submarino donde nos aguardaban unos sofás para esperar a que llegaran los demás, unas cervezas, un par de pelis porno en la tele (una hetero y una gay) y un reportaje sobre enanismo que decidimos ver por unanimidad.
Después de esperar así como dos horas y de tragarnos todo el reportaje (también vimos como alguna y alguno se tragaba más de una cosa) nos pusimos en marcha y comenzó la historia de siempre: pub de música cansina, caras conocidas, baile automático y miles de cosas que voy a obviar.
No sé cómo me convencí a mí mismo para ir a la discoteca. Quizá porque hacía siglos que no iba, porque mis amigos siempre que me ven me preguntan “¿dónde te metes?” y me dan ganas de contestarles que hay más alternativas que esto, que, a veces, mi manta es mejor compañía que ellos, pero me callo y digo: “Pues aquí, allá, es que no paro”. Y nos montamos en el coche escuchando a la puta Madonna... “Ahógate en tu propia regla y cállate ya, coño”, pensé.
Ya dentro, todo es lo mismo…, incluso peor. Ahora hay gogos que ejercen de mamarrach@s, pero todo sigue como si se hubiera parado el tiempo muchos años atrás, incluso la gente que baila y se mueve está parada, encallada, ralentizada, metida en el laberinto de sus propias casas.
Veo a un ex y nos obviamos, miro a los gogos y los obvio, la gente se observa y se obvia. Mi amigo me toca el hombro y me dice:
-Qué peste, alguien está fumando algo que está podrido.
-No, nene –le respondo-. Será que están fumando sus propias vidas.
Mi amigo me mira y sigue bailando. Yo obvio todo lo demás y continúo también bailando mientras creo que estoy enroscado a mi manta en el laberinto de esa casa que todos tenemos y que se llama vida.
Audio: Metric – Dead Disco