jueves, febrero 16, 2006

Sr. Dolor, ¿una o dos de azucar?


Empecé a restregarme las sienes…, apretando, sintiendo ese leve dolor que aprisiona las ideas por un momento y que no sabes bien si es placer o todo lo contrario. Todo se recubre de un "pseudodolor" paralizante que me doy cuenta que saboreo cuando dejo de hacerme círculos en las sienes con mis propias manos. Luego sólo hay levedad y las ideas que te golpean de nuevo en pleno cráneo.

El dolor…, ese dolor que, confieso, me gusta que me visite de vez en cuando. Esta mañana, por ejemplo, cuando me he mordido sin darme cuenta dentro de la boca, justo en las suaves paredes que sirven para que la lengua juguetee, me he sorprendido dando un respingo al sentir ese pellizco fortuito, y, tras despertar en mí una sensación conocida, he mordido a conciencia, cogiendo el trocito de carne aún dolorido con la punta de los dientes y estirándolo hasta notar el ferruginoso sabor de la sangre bañando mis papilas gustativas.

Mucho ojo, hablo del dolor voluntario, no del impuesto (ese es una putada y no pretendo sacarlo a colación) y cuidado también, no me refiero a nada de infligir dolor en plan sadomaso o masoca, ni tampoco nada de autolesiones, no me malentendáis, eso no me atrae en absoluto, es algo más sutil y lejano que todo eso. Es la capa fina que recubre a un dolor mucho más adictivo, inofensivo e incomprendido la que me gusta romper de vez en cuando, como traspasando un sitio prohibido o vedado y que es propiedad del destino.

Ahora mismo toco la abultada herida de mi boca con la punta de la lengua y escribo en ella: sólo son sensaciones, somos amos de ellas aunque no lo parezca. Y pienso que, aunque todas mis palabras anteriores puedan sonar algo “chocantes”, para mí es mucho peor cuando jugamos con el dolor de dentro, no el del cuerpo, sino el del alma. Yo con ese no juego... Puedo tirarme una gota de cera en la mano con la vela que adorna la mesa de alguna tarde de café con amigos pero, sin embargo, intento no morderme por dentro, no hacerme daño a mí mismo, ni sangre, porque para mí es mucho más grave ese daño interno autoinflingido que el externo del que he hablado.

Y mezo la sensación de dolor dentro de mi boca, le canto una nana para que se calle, y, mientras, pienso que a su hermano gemelo, el malo, ese que se inserta por dentro y es mil veces más dañino, hay que dejarlo quieto, con ese dolor no hay que jugar…, e, irremediablemente, me viene una pregunta a la cabeza: ¿por qué está peor visto el dolor externo del que hablo que el interno que, estoy seguro, practica mucha más gente con consecuencias mucho más dolorosas?

Mierda, me escuece la herida…, aunque, claro, mientras no me escueza el alma…

14 comentarios:

gianis dijo...

las heridas externas son visibles. las internas, invisibles.
y la gente siempre se preocupa demasiado del qué dirán.

Para, creo que voy a vomitar dijo...

Gianis, esperaba de ti un comentario en plan: si quieres quedamos y te azoto la espalda con un látigo de siete puntas. Pero veo que te estás reformando ;)

hairblue dijo...

Es tan sencillo herir a alguien que a veces me asombro. Pero si la herida es física escuece y cura, la otra sigue quemando después.
¡Hey! A mí ya no me escuece nada, aunque me estoy dejando los padrastros como un rosario...

Sherezade dijo...

Quizás sea porque con el dolor externo puedes morir y con el interno puedes condenarte a sobrevivir, y eso, no está mal visto...
A mi ponme cinco cucharadas de azúcar, siempre me gustaron las cosas muy dulces :)

藤原 弓美 dijo...

Las heridas del alma a veces son incurables...

D.D dijo...

Cuando era adolescente tenía la extraña costumbre de abrasarme la piel justo al lado de los labios con una cerilla recién apagada. Quería que mi cuerpo mostrase cicatrices para dar a entender que me importaba un pimiento el dolor físico.
Por dentro ya había llegado al límite (inocente criaturita, no tenía idea de lo que se le venía encima), ese en que te da igual todo y te sientes por encima del bien y del mal. A veces añoro esa sensación de superioridad.

Ashavari dijo...

mmm que vicio! ñam ! otra llaga! ñam! Hoy me he jodido una uña con el hierro de la cama y no me produce placer... eso es malo dostor?

zmt81 dijo...

Bonito post, como todos los tuyos. Qué suerte tienes de no jugar con tu dolor interno. Yo no quiero jugar, pero a veces me muerdo el alma. Cada vez menos, eso sí.

Vigila con las heridas bucales, son fuente de muchas infecciones y enfermedades. Qué tal si lo cambias por los pies, por ejemplo? En la boca se introducen taaaantas cosas, que puede ser peligroso morderse... ;)

Besos, pero sin lengua (hasta que te cures)

Urto dijo...

"El dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro." No se si por esa sensación que describes, pero siempre me ha gustado rascar en mis heridas para observar como sangraban, y probar un poco de mí... me gusta :P.

Un Abrazo

edharris dijo...

Hombre, a mi el único dolor que me gusta sentir es cuando haces deporte y sudas como un cerdo o te duele todo, y vas sintiendo que la grasa de tu cuerpo va desapareciendo poco a poco con cada pulsación...

Y más parecido al tuyo, tengo una manía, a veces me cojo la mano, en concreto los dedos de la mano y me los muerdo un poco, casi con las muelas, en plan Horatio cuando me pega mordiscos con sus colmillos hasta un punto en el que sabe que no hace daño...

wolwai dijo...

Una buena lengua, lo cura todo. Con saliva y con palabras.

guapo!

Princesa Lunar dijo...

Arcaditas..."son sensaciones, somos amos de ellas aunque no lo parezca"...Qué verdad! El dolor físico lo crea nuestra mente, está en nuestra cabecita, ¡no existe!. Y me pregunto...¿Y el dolor del alma, el verdadero dolor, ese que tanto nos escuece?...sólo el alma lo puede sanar...con amor. ¿Porqué seguiremos entregándonos a él?

la dirección del salmón dijo...

Con ese dolor de dentro no hay que jugar pero es caprichoso, no quiere que le olvidemos y grita para hacerse notar...Nunca es bienvenido pero a veces nos da lecciones...Nos hace sangrar, pero también nos cicatriza...

Tres de azúcar en el café, la vida ya es bastante amarga....(tititit...)

Un saludo ;)

Capitán Harlock dijo...

.

Pues a mí no me gusta ninguna clase de dolor, ni el físico ni el del alma; y al primero le temo tanto o más que al segundo. Una de las razones por las que casi nunca me haya pegado con nadie es que temo enormemente el dolor de los golpes.

Un beso.