
Hace casi un año que le di a la tecla pause de este blog y hoy me permito alejar el dedo por un momento mientras me lo pongo en la perilla intentando adivinar qué contar y qué callar.
Este blog me pincha mientras escribo, me trae demasiados recuerdos que quedan ya en el fondo de un saco con agujeros... Y sé que aún queda mucho para que los recuerdos que sobrevivan se tornen romos y no hagan herida. Demasiado, diría yo.
En un año pueden pasar muchas cosas y se me atropella todo en la cabeza en forma de tsunami de sucesos. Como resumen diré que no ha ido demasiado bien, sino todo lo contrario..., pero no voy a compadecerme de mí mismo, ni ser negativo, ni siquiera dar detalles. Los detalles me los coso en las sienes para que no se me olviden nunca.
Y, poco a poco, me voy conviertiendo en ese fuelle que sopla lo negativo para avivar el fuego que queme toda la mierda que ha inundado mi vida a lo largo de estos meses. Y muto en bayeta de microfibra amarilla mientras recorro las conclusiones que saco de todo ésto dejándolas totalmente relucientes. Y me transformo en luz parpadeante del módem deseando ser el reflejo estable y fijo de una bombilla, aunque sea, de bajo consumo. Y me doy cuenta que, de un tiempo a esta parte, mis arcadas me salen por la nariz convirtiéndose en algo desagradable para mí, por eso ahora tomo Biodramina. Por eso callo.
Por eso mismo.
Este blog me pincha mientras escribo, me trae demasiados recuerdos que quedan ya en el fondo de un saco con agujeros... Y sé que aún queda mucho para que los recuerdos que sobrevivan se tornen romos y no hagan herida. Demasiado, diría yo.
En un año pueden pasar muchas cosas y se me atropella todo en la cabeza en forma de tsunami de sucesos. Como resumen diré que no ha ido demasiado bien, sino todo lo contrario..., pero no voy a compadecerme de mí mismo, ni ser negativo, ni siquiera dar detalles. Los detalles me los coso en las sienes para que no se me olviden nunca.
Y, poco a poco, me voy conviertiendo en ese fuelle que sopla lo negativo para avivar el fuego que queme toda la mierda que ha inundado mi vida a lo largo de estos meses. Y muto en bayeta de microfibra amarilla mientras recorro las conclusiones que saco de todo ésto dejándolas totalmente relucientes. Y me transformo en luz parpadeante del módem deseando ser el reflejo estable y fijo de una bombilla, aunque sea, de bajo consumo. Y me doy cuenta que, de un tiempo a esta parte, mis arcadas me salen por la nariz convirtiéndose en algo desagradable para mí, por eso ahora tomo Biodramina. Por eso callo.
Por eso mismo.